Les cuento una historia de un monje de nombre Telémaco que vivía en un claustro en el siglo 5, y una mañana estaba hacienda oración y sintió que Dios le decía que se fuera a roma. Ustedes saben que Roma en ese entonces era una de las ciudades más cosmopolitas, y más importante, es como decir, como decir nueva York. Y bueno, pues este monje se fue a roma y al llegar a la ciudad, se dio cuenta que había una aglomeración de gente llena de entusiasmo. Gente por todas las calles. Y en eso le preguntó a uno de los transeúntes, de los caminaba por ahí, ¿a que se debía tanto alboroto? Y le dicen: es que hoy es el día que los gladiadores pelean entre ellos, es el día de los juegos, del circo. Y al escuchar esto, el monje pensó dentro de sí, llevamos cuatro siglos después de Cristo y aun se siguen matando los unos con los otros. En eso, el monje corre hacia el coliseo y escucha a los gladiadores decir: Arriba el Cesar, moriremos por el Cesar. Y pensó, Esto no está bien. Y ¿saben lo que hizo? Saltó la cerca hasta llegar al centro del campo, se puso en medio de dos gladiadores, y trató de detenerlos. La afición se llenó tanto de ira, de enojo, de rabia y apedreó hasta la muerte a este hombre de paz.
Hermanos, hoy en día, se habla tanto de paz y unidad, paz en el mundo, paz en nuestras familias, paz en nuestros corazones, y llevamos más de dos mil años después de Cristo, y aun nos seguimos matando los unos a los otros, tanto físicamente como moralmente.
Los enemigos principales de la paz, es el egoísmo, la indiferencia a los mas pobres y vulnerable, la ambición desmedida, la soberbia. Son enemigos de la paz. Jesus dice en su evangelio, dichosos aquellos que trabajan por la paz porque serán llamados hijos de Dios. Y todos nosotros somos hijos de Dios, pero la pregunta es, ¿luchamos por la paz? ¿Trabajamos por ser hombres y mujeres de paz?
El ser hombre de paz es ser una persona de valores, una persona que habla y actúa conforme a sus principios y valores. Y miren, cuando uno actúa conforme a sus principios y valores, conforme a la voluntad de Dios, a los mandamientos de Dios, aunque te critiquen, aunque te cueste sudor y lagrimas el tratar de permanecer fiel a estos principios, aunque se burlen, la paz que te queda dentro de tu interior, es una paz que nadie te la va a dar. Solo Dios. Les cuento un poco del testimonio de este actor mexicano de Hollywood, Eduardo Verastegui, es alguien quien decide dejar todo tipo de trabajo, de películas, comerciales, novelas, que pusiera en riesgo su relación con Dios y sus principios, y ahora, solo realiza producciones cinematográficas que comunican valores morales humanos y cristianos, y que ahora comunican paz verdadera en las personas que ven estas producciones.
El ser hombre de paz es ser una persona que busca la unidad. Y para buscar la unidad, es necesario bajar la guardia, pedir perdón, disculpas, preocuparte por el otro, vencer el egoísmo, muchas veces queremos ser los primeros en todo, queremos que los demás nos elogien, queremos que satisfacer el ego, y nos olvidamos de que lo más importante es hacer el bien sin que los demás lo reconozcan. Vivimos en una cultura de exaltar el ego al máximo, y a la vez querer ser reconocido por todo. Con esto no quiero decir que es malo felicitar a alguien por eso bueno que ha hecho, al contrario, cuantas veces no felicitamos a alguien por orgullo o por envidia, es bueno reconocer y hacérselo saber de lo bueno que han hecho, pero también recordar que podemos caer en la trampa de hacer cosas buenas para que nos reconozcan. Yo he conocido muchas personas que llegan a dar grandes cantidades de dinero a la iglesia, o han hecho una obra de caridad, y nos dicen, padre no queremos que nuestro nombre sea mencionado. Eso es ser un hombre de paz, querer dar sin esperar nada a cambio, vivir sin ataduras, pero cuando amas y das generosamente, la paz que llega a tu Corazón nadie te la puede dar, solo Dios.
Y no solamente es dar materialmente, sino también, dar de tu amor, de tu tiempo, de tu sonrisa, de tu perdón, de tu paciencia, de eso que más te puede costar. Que Dios en esta misa nos ayude a encontrar esa paz que nuestro Corazón anhela y nos de fuerzas para luchar por la paz en nuestros corazones, nuestras familias, y en todos aquellos con los que nos relacionemos.
Pbro. Omar Ontiveros




